miércoles, 23 de junio de 2010

Señor Presidente, más despacio LP 19-06-2010


RECTIFICAR

Señor Presidente, más despacio

Rubén Darío Paredes
opinion@prensa.com

Amigo Presidente, hoy todo sugiere que nuestra sociedad demanda impostergables cambios hacia una República con estructuras modernas, fuertes y funcionales; dicho mejor, un nuevo diseño administrativo y de liderazgo político que le dé alas y eche a volar una estrategia inteligente para el desarrollo económico y el crecimiento de nuestro país. Que sea audaz, novedoso, con luces que alumbren lejos para incrementar nuestra competitividad, ventajas y posición destacada entre los países del hemisferio; para luego, con equidad y justicia social, volcar la riqueza hacia el mejoramiento del bienestar de la población sin excepción, pero con prioridad hacia ese 40% de marginados.

Romper con el tradicionalismo de gobiernos poco resolutivos y aletargados en el transcurrir de los quinquenios, al parecer, es la consigna de su mandato y la aplaudimos con beneplácito. Al comparar su actuar con el método de conducción populista de Omar Torrijos durante las décadas de 1970–1980, distingo ambos estilos por patrulleros y humanistas, retadores ante los problemas y de soluciones y respuestas rápidas sobre la marcha. Sin embargo, vale decir, apreciado Presidente, que en el esfuerzo político por alcanzar el rediseño de la República moderna (soñada por todos) lo inteligente, político y estratégico sería alcanzar esa meta como hermanos, en armonía y felices; no separados, gritándonos consignas e improperios estériles, como comienza a observarse con los resentimientos en la última semana.

De repente, nuestro mandatario utiliza cada vez más el factor sorpresa y la imposición, contrario a lo prometido: ¡Juntos estamos haciendo la nueva patria! Estilo que, en mi concepto y el de muchos ciudadanos, es innecesario e inocuo, casi un desperdicio prematuro e insensato del enorme capital político otorgado por el soberano, sencillamente, porque precipita la descapitalización del enorme plazo fijo de prestigio político en las bóvedas del corazón del pueblo panameño, dada la alta aceptación y popularidad ¡todavía! del Gobierno Nacional.

¿Dónde están los asesores del Sr. Presidente, cuando en su entorno se observan rostros de profesionales inteligentes? ¿Qué necesidad hay de avanzar pateando piedras en el camino, cuando al lado hay un sendero llano y expedito que lo conduce al mismo destino, sin lastimar ni ofender a sus propios hermanos? ¡Debe aprender a escuchar, amigo Presidente, escuche, escuche y escuche; también consulte, consulte y consulte, antes de tomar decisiones! Qué podemos pensar, cuando uno de sus ministros –supongo consejero allegado– pretende descalificar a los ciudadanos ambientalistas, expresando en los medios: ¡Siempre son las mismas personas, nombres y rostros de estos ambientalistas opuestos a todo progreso! Esto denota desconocimiento, los ambientalistas son y serán siempre celosos, preocupados por el medio ambiente; como el violinista, el pintor, el escritor o el poeta.

Un ambientalista no cambia en cada evento político o quinquenio, es amante de la naturaleza, de los recursos naturales, de la fauna, brisas, paisajes y aguas; disfruta al observar aves como el sangre de toro, el colibrí, el azulejo, el ruiseñor; felinos como el tigrillo o animales marinos como con el tiburón; se deleita con la nobleza de los árboles, con el nido de pichones indefensos, allá en las alturas. Lleva en su ser sensores especiales, similares al de los científicos, investigadores, inventores o artistas.

Si son verdaderos los mensajes que el Sr. Presidente ha divulgado por todos los medios: “solo no puedo realizar el cambio”, debería haber vetado la ley que desfigura los Estudios de Impacto Ambiental (EIA). Eso de 70 millones para las obras públicas que no avanzan por causa de los EIA es un argumento inexacto, baladí. La herramienta del EIA es propia de pueblos civilizados, cultos y progresistas.

El Estudio de Impacto Ambiental busca garantizar el ambiente saludable y sostenido que merecen los panameños para crecer y desarrollarse. ¡Nunca los bravucones han resultado buenos consejeros! Tenga presente que usted es un ser humano, con suficiente moral y coraje para rectificar un lamentable error.

A Omar Torrijos le ocurrió algo parecido, cuando me envió un mensaje con su ministro estrella y colega, para que derribara los 25 mil arbustos en producción de naranjas en Cítricos de Chiriquí (es cierto, estaban abandonados y enfermos, pero recuperables en su mayoría). A cambio, dijo que se sembraría caña de azúcar, porque el precio de la libra de azúcar en el mercado mundial escalaba los 65 centavos. Le respondí, “mi colega, ¿usted sabe lo que me está solicitando? Déjame llamar al general Torrijos, antes de cumplir con esa orden, él tiene que escucharme a cuatro pupilas. Después de escucharme, si reitera la orden la cumpliría”.

Algunas cosas sucedieron y Torrijos rectifico la orden. Los arbustos siguen allí. Dos años después se produjo una helada en Orlando, Florida (tercer productor de cítricos a nivel mundial) y el frío intenso quemó los árboles de naranja. El cítrico triplicó su precios y vendimos cinco cosechas a precio de entonces, ideales para asegurar la entrega de futuras cosechas. Irónicamente, el precio de la caña se deprimió a ocho centavos la libra.

Años después volábamos, él y yo, sobre las plantaciones de cítricos en Potrerillos, las miró y sin mediar una sola palabra me miró con una expresión de agrado con sus ojos húmedos.

http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2010/06/19/hoy/opinion/2230928.asp

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