martes, 26 de mayo de 2009

Ni profeta, ni escritor trasnochado, La Estrella


Ni profeta, ni escritor trasnochado

05-22-2009 | CARLOS CAMARENA MEDINA

Opinión La base de toda sociedad que se precie o diga que es abierta o democrática es el debate de altura, fundamentado en la libre expresión de ideas respaldadas con argumentos verificables y sin caer en señalamientos viscerales y descalificaciones. Por ello, no me pareció adecuado ni el título ni los comentarios vertidos por la geóloga Ana Méndez en su artículo titulado “Los profetas del ‘miedo ambiente”, publicado en la sección de Opinión del diario La Prensa , el 20 de mayo de 2009.

No es con adjetivos como “miedo ambiente”, “retorcidos programas y documentales”, “pseudo-ciencia”, “escritores trasnochados” y “medios de difamación/comunicación”, entre otros, como se debe sustentar una posición que, en este caso, dudo convenza a alguien o le dé luz sobre el tema de la minería a cielo abierto en Panamá.

Sobre todo cuando sustenta su punto de vista en el hecho de que la actividad turística en Costa Rica bajó 13% y que el 71.2% de los empresarios turísticos dijeron tener pérdidas, y que por ello, la letanía de que “la minería no es sostenible, pero el turismo sí”, se había venido abajo.

Creo que la opinión de Méndez tendría más fuerza si hubiera sustentado con cifras contundentes tal afirmación. Por ejemplo: ¿cómo una actividad minera dentro de un área boscosa puede ser más sostenible que el ecoturismo? ¿Justifican los altos ingresos económicos el daño que se pueda hacer a un ecosistema? ¿Ha realizado un estudio o evaluación del costo del daño ocasionado por la minería y el tiempo que tardaría un área impactada en recuperarse? ¿Cómo cuantificar el valor de un área cuya biodiversidad ha sido arrasada por un proyecto de desarrollo?

Hace un par de años leí que, luego de una extensa deforestación en tiempos precolombinos, los bosques de Tikal, en recuperación hace cerca de 800 años, muestran más baja biodiversidad que los bosques vecinos que jamás fueron tocados. Una evidencia científica que demuestra que el valor de un bosque recuperado no alcanza a ser igual al de un bosque primario.

Recientemente, realicé una seria de escritos sobre la deforestación y el cambio climático y me llamó la atención lo afirmado por Stanley Heckadon, director de Comunicaciones y Programas Públicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), de que en 1983 el entonces director del Laboratorio Marino de Punta Galeta, John Cubit, le informó que las mediciones que se hacían en este centro, que monitorea el Caribe como si fuera un paciente, mostraban que el nivel del mar subía de manera constante, entre 1 centímetro y 4 centímetros por año.

Hoy, el cambio climático es uno de los grandes problemas que afronta la humanidad y lo que se vaticinaba con evidencias científicas hace décadas es una realidad, pese a que los científicos que dieron la voz de alerta también recibieron el mote de profetas que vaticinaban calamidades. ¿O es que problemas evidentes como la contaminación de la bahía de Panamá no son producto del desarrollo desordenado; o la escasez de recursos pesqueros no se debe a la sobreexplotación?

No se trata atacar con descalificaciones a quienes exigimos que las cosas se hagan como se tienen que hacer, se trata de una realidad que a diario nos golpea. Sugiero a la geóloga Méndez que la próxima vez sustente sus puntos de vista con cifras y evidencias científicas, porque dudo que con los adjetivos que utilizó haya convencido a alguien, mucho menos revertir la realidad.

-El autor es periodista.ccamarena2004@gmail.com

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